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Sófocles y el drama griego PDF Imprimir E-mail
Sófocles
 
Lo que llamamos Teatro no nace como diversión banal ni propaganda política o especulativa. Eso no es Teatro aunque se disfrace con su manto.
El teatro nace al abrigo de ciertas pequeñas representaciones que, vinculadas a los Misterios del Destino y la Naturaleza, intentaban hacer partícipe al oficiante en los ritmos y procesos ocultos de la Vida y del Dios. Era una simbiosis interactuante de la Danza, la Literatura, la Música, el Mito, la Escenografía y la Representación. Estaba escrupulosamente guiado por expertos formados en los Colegios iniciáticos. Era un proceso selectivo, pedagógico, catártico y vivencial. La talla de su grandeza e importancia puede medirse en los millares de teatros, millones de representaciones y centenares de dramaturgos que, desde Tespis a nuestros días y con mayor o menor fortuna, han propagado esta Religión dionisíaca encarnada en disciplina artística.
 
Pico de la Mirándola, príncipe de la concordia PDF Imprimir E-mail
Pico della Mirandola
 
“...Nunca he  filosofado sino por el amor a la pura filosofía; ni he esperado ni he buscado nunca en mis estudios y en mis meditaciones ninguna merced ni ningún fruto que no fuese la formación de mi alma y el conocimiento de la verdad, por mí supremamente ansiada. He sido siempre amante tan apasionado de la verdad que, dejada toda preocupación de los asuntos privados y públicos, me he dedicado por entero a la paz contemplativa. De ésta, ni las calumnias de envidiosos ni los dardos de los enemigos han podido hasta aquí ni podrán nunca apartarme. Ha sido la filosofía quien me ha enseñado a depender de mi sola conciencia, más que de los juicios de los otros y estar atento siempre no al mal que se dice de mí, sino a no hacer o decir  algo malo yo mismo”.
 
(Oratio de dignitate hominis) 
 
Pitágoras, sus orígenes PDF Imprimir E-mail
Pitágoras
 
Para Pitágoras la visión fundamental consistió en considerr el Universo como un cosmos, un todo ordenado y armoniosamente conjuntado.
El destino del hombre consiste en concebirse a sí mismo como una pieza de este cosmos, descubrir el lugar que le está asignado y mantener en sí y en su entorno, en lo que dependa de él, la armonía acorde con el orden natural de las cosas. En el siglo VI a. C. en que a Pitágoras le tocó vivir, las invasiones persas habían aproximado hacia los griegos las milenarias culturas orientales con su espíritu religioso y su actitud mística y contemplativa, que originaban una especial forma de racionalidad. El espíritu religioso oriental no  buscaba su camino hacia la comunión con lo divino a través de la contemplación racional del Universo, sino más bien mediante la negación de la búsqueda misma de la razón, hacia formas de comunicación en zonas más profundas del espíritu. Pero junto con esta vena mística, la cultura oriental había realizado admirables conquistas de la razón, por ejemplo en los desarrollos astronómicos y aritméticos de los babilonios más de un milenio antes de que Pitágoras naciese. Tal vez una de las razones profundas del hondo enraizamiento del movimiento pitagórico en la cultura griega, y en su heredera la cultura occidental en que hoy vivimos, consistió en el acierto de Pitágoras al unificar ambas tendencias, racional y contemplativo-religiosa, y dar forma a lo que llegó a ser, mucho más que una Escuela de pensamiento, una forma de vida. 
 
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